Tesoros del Románico
Las murallas II
Dos kilómetros y medio de perímetro, 88 torreones, nueve puertas, tres poternas y una extensión de 33 hectáreas son los datos conocidos de esta fortificación, pero no suficientes para acercarse a un monumento que es un documento esencial para la comprensión y configuración de la ciudad.
La Crónica de la Población de Ávila situaba su construcción en el año 1090 y señalaba a Casandro y a Florín de Pituenga maestros de la fábrica; sin embargo, las últimas investigaciones, basándose en la dimensión de la obra, en la escasa población de los primeros momentos de la repoblación, en la lectura detenida de los muros y en su relación con otras fortificaciones contemporáneas, indican que la construcción debió prolongarse durante el siglo XII y que se realizó sobre una muralla anterior.
La muralla ha llegado a nosotros bastante bien conservada, pero para ello fueron necesarias diversas actuaciones, generalmente acertadas, que independientemente de su alcance han sido decisivas en la imagen y en el estado actual de la misma.
La conservación y el mantenimiento corrían a cargo del concejo y entre los cargos municipales figura un veedor de las obras de los muros. En relación con su cuidado, un documento publicado por Serafín de Tapia recoge cómo se repartía: los caballeros e hidalgos hacían la ronda, los ciudadanos velaban, los campesinos reparaban los adarves, limpiaban los fosos y acarreaban los materiales necesarios, los moros ponían las manos y los judíos el hierro; minorías que también eran obligadas a velar.
Frente a la catedral, en el solar que ocupó el viejo Palacio Episcopal, se encuentra uno de los edificios más significativos y desconocidos de la ciudad, EL EPISCOPIO, que debió ser una antigua sala de Sínodos y que algunos autores han identificado como Palacio del Rey Niño. Su construcción está directamente relacionada con la de las murallas y la de la catedral. Es el edificio románico más antiguo de la ciudad.