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Moshé ben Sem Tob de León (1240-1305)

Nacido en León (de ahí su sobrenombre), su dedicación desde temprana edad al estudio de la religión hebraica, hizo que viajase constantemente recalando por las principales aljamas de la península. Así mismo fue rabino. Se sabe, por ejemplo, que residió cierto tiempo en Guadalajara.

A partir de los 30 años, comienza a publicar obras (unas 25 a lo largo de su vida) que son consideradas fundamentales dentro del judaísmo. Por la que es más conocido es por el Libro del Esplendor, obra central en la Cábala. Se trata de una especie de novela en la que se desglosan comentarios acerca de diversos pasajes bíblicos. Para ambientar la misma, el texto aparece escrito en arameo para hacer creíble que había sido escrito por un rabino de la antigüedad.

En realidad, el periplo de Moshé por las juderías españolas tenía también un carácter apostólico y de difusión de dogma ya que, en aquella época, se estaban enfrentando dos formas de entender el hebraísmo. Por una parte, aquellos más ortodoxos, propugnaban un seguimiento literal de las escrituras siendo una tendencia especialmente respaldada por los sectores más pudientes. Por otra, aquellos que defendían la exaltación de la pobreza y de la naturaleza como forma de aproximarse a Dios. Esto último era más apoyado por las clases populares y por nuestro abulense de adopción.

En 1295 deja de viajar y se asienta en Ávila, residiendo en casa del rico e influyente Yuçaf de Ávila y fue allí donde alcanzó la serenidad suficiente para culminar la redacción de El Zóhar. En su residencia abulense se mantuvo hasta la muerte. Ésta aconteció en 1305, circunstancialmente en Arévalo, ya que se había desplazado hasta esta localidad abulense para encontrarse con otro teólogo hebreo.

No fue casual que eligiese nuestra ciudad ya que la judería local era una de las tres más importantes de la corona y la población hebrea era muy numerosa e influyente por lo que no fue tan acusada como en otras localidades. Y, por supuesto, Ávila influyó en sus escritos aunque sólo fuera por ese clima de convivencia que aquí existía entre las tres etnias que habitaban la península.

Ávila aún conserva huellas de su pasado judío. A nivel urbanístico, el simple trazado de aquellas zonas en las que habitaron (juderías) ya denota el carácter intrincado de las callejas que moraron. Pero fue una comunidad populosa (al menos el 20% de la población) lo cual hizo que se distribuyeran por zonas al norte de la ciudad y, sobre todo, en los últimos años, al sur, en el entorno de la iglesia de San Juan. Sus negocios, comercios y talleres, se concentraban en pleno centro, dentro del recinto murado. Sabemos aproximadamente donde se situaban sus sinagogas o la casa de alguno de sus rabinos. Restan inscripciones y, recientemente, se ha descubierto su cementerio que se ha posicionado como la necrópolis hebrea más extensa del país.

De la documentación conservada se extrae que muchas de las medidas antisemitas que se dictaban en la península al final de la Edad Media, no se ejecutaban en Ávila. Eran muchos, algunos influyentes y mantenían la convivencia. De hecho, se llegaron a dictar decretos que "protegían" a los judíos abulenses. Sin embargo, el proceso general antisemita desemboca en el tristemente famoso Edicto de Expulsión de 1492 (en Ávila se conserva la única copia de la orden enviada desde Granada para el Reino de Castilla) por lo que Ávila perdió una parte importante de su población y de su dinamismo social.

Como homenaje a Moséh de León, un coqueto jardín adosado a la Puerta de la Malaventura (zona donde se concentró buena parte de la comunidad hebrea de la ciudad antes de su expulsión) lleva su nombre.

Moshé ben Sem Tob de León