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Tomás de Torquemada (1420-1498)

La figura de este monje dominico resulta controvertida ya que fue Inquisidor General de los reinos de Castilla y Aragón y como tal llevó a cabo una represión radical hacia las minorías étnicas que habitaban en la España medieval. Por ello se le ha caracterizado como parte de la leyenda negra del país. Sin duda se trató de una actuación traumática pero fue más el efecto para el resto de la historia del país que por su propia entidad. Recientes estudios vienen a esclarecer que las matanzas no alcanzaron a las efectuadas en otros países en plazos de tiempo mucho más cortos.

Los escasos datos biográficos de este personaje proceden de tratados muy posteriores con lo que ello implica de posible falta de rigor. Nació y se crió en Valladolid donde ingresó como monje en la orden Dominica. De forma muy prematura es nombrado prior del Convento de Santa Cruz de Segovia. Como una de esas casualidades que cambian una vida, en aquella época la adolescente Isabel vivía en esta ciudad donde se localizaba la corte en aquel momento. Y Torquemada pasó a ser confesor del tesorero del reino. Ello le valió que, cuando la joven sea coronada como reina, reclute al monje como uno de sus confesores personales y le nombre como Inquisidor General de Castilla y de León.

El establecimiento de la Inquisición implicaba mucho más que la simple persecución de aquellos que profesaban ocultamente sus antiguas creencias: en realidad, se buscaba fortalecer a la religión católica para que ésta fuera el cimiento de la unión de los reinos de Castilla y de Aragón. El matrimonio de los Reyes Católicos no era suficiente para mitigar las divergencias entre ambos territorios pero si lo era una religión común. Se buscaba el ensalzar la figura del cristiano viejo frente al converso, buscar un enemigo común tanto para castellanos como para aragoneses. Por tanto, el origen no fue perseguir a los musulmanes o a los judíos sino a los que habían profesado estas religiones, se habían convertido y, en realidad, continuaban practicando sus credos de forma oculta.

Su vinculación con Ávila fue intensa y fueron frecuentes sus estancias en la capital, incluyendo los últimos cinco años de su vida cuando residió en el Monasterio de Santo Tomás donde falleció. De este convento fue protector, decisivo en que se finalizasen las obras de su construcción, aportando un millón y medio de maravedís junto a la noble Doña María Dávila. Y posiblemente su intercesión fue fundamental para que también los reyes asumiesen parte de la empresa.

Su huella está presente en el propio convento ya que él mismo encargó al afamado Pedro de Berruguete, el retablo mayor de la iglesia. En él destacaba la tabla de Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán, hoy expuesta en una pinacoteca madrileña. De alguna forma, con esta pintura, Torquemada trató de reflejar alguno de los numerosos procesos inquisitoriales que presidió.

Hay otros lugares en la ciudad vinculados con Torquemada como la Iglesia de San Pedro. En el atrio al exterior de la misma, dirigido hacia la actual plaza, se emplazaba un entarimado en el que se ajusticiaba a los juzgados por la Inquisición. También y dada su posición privilegiada fue habitual en sus visitas a la Catedral, el palacio Episcopal o los palacios de los linajes más poderosos.

Pero no hay que buscar su sombra en los más recónditos u oscuros callejones de la ciudad, esperando encontrar un ser maléfico y malvado: fue designado para ser Inquisidor y cumplió a rajatabla lo que se esperaba de él. De hecho, lo más censurable de Torquemada es lo efectivo que fue en ejecutar su misión.

Tomás de Torquemada