Teresa de Jesús (1515- 1582)

Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.

 

Apenas necesita presentación la que para algunos es la escritora española más notable y, cuando menos, la principal escritora mística. Fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzas con casi una veintena de fundaciones monacales, Ávila está hondamente impregnada por la figura de esta religiosa tanto que es denominada como La Santa y las fiestas patronales de la ciudad son en su honor, en torno al 15 de octubre.

Teresa de Cepeda y Ahumada nació en una familia acomodada de la ciudad. Mucho se ha escrito sobre los orígenes conversos (judíos convertidos al Cristianismo) de este linaje y, posiblemente, sean ciertos. Ello le supuso algunos problemas a Teresa dentro de la persecución hacia aquellos que no eran cristianos viejos.

Su infancia en la ciudad marca los dos caminos que seguirá su vida y que se entrecruzan constantemente. Por una parte, parece que el ánimo religioso surgió a temprana edad en ella, no dudando que se dedicaría en cuerpo y alma a rendir culto a Dios. Y por otra, al gusto por la literatura, como lectora infatigable de los libros de caballería que caían en sus manos y como escritora más tarde.

Ante la oposición paterna, escapa del hogar familiar y profesa en el Convento de La Encarnación en 1534. Una serie de estragos de salud y el observar como la vida monástica no era como ella pensaba hizo que se plantease su decisión pero, finalmente, decide continuar. En realidad lo que la impulsa es fundar un convento en el que si se cumpliesen los preceptos del ascetismo tales como la obligación de la pobreza, de la soledad y del silencio. Recaba fondos y en 1562 funda el Convento de San José (hoy en día continúa con su misma misión) aunque en 1567 no es reconocido como tal ya que hubo mucha oposición a sus reformadoras doctrinas.

A partir de este momento y con el apoyo de Juan de la Cruz que hizo lo propio con la fundación de la orden de los Carmelitas Descalzos, su orden y los preceptos de austeridad, ayuno y rezo, se extienden por toda la geografía peninsular frente a las cotas de riqueza y protagonismo político que estaba alcanzando la Iglesia.

El resto de su vida hasta su muerte en Alba de Tormes es un elenco de viajes con el fin de realizar fundaciones monacales que suelen finalizar en su querida Ávila. Y es allí donde escribe con mayor ímpetu algunas de sus obras más significativas. Estos textos que la han encumbrado como poeta, poesía lírico-religiosa, han sido objeto de todo tipo de estudio y valoración pero siempre ha sorprendido que no sean trascripciones o adaptaciones de textos sagrados que era lo que primaba en aquella época sino escritos originales, con un estilo propio y en el que prima la espontaneidad y el sentimiento frente a los arquetipos literarios.

Teresa de Jesús